Cuentos — 21 octubre 2013


Me encontraba trabajando en la computadora. A mi lado tenía algunos recipientes con agua, y otros con perfume. Como reflejo, tomé uno de esos recipientes y bebí un buen trago. Me di cuenta, luego de tomarlo, que era un frasco de perfume y no de agua.

Mierda! – pensé – Cómo pude ser tan pelotudo… – Vi el envase, y noté que me había tomado cerca de la mitad – No, no tomé perfume, no tomé perfume…

Traté de convencerme a mí mismo, e intenté visualizar el frasco lleno. Pero evidentemente ya era tarde. Y bueh, me resigné.

Al rato, aparecí con unos amigos. Parecía que habíamos estado de joda, pero no me acordaba de nada.

Pah, que pedo que me agarré… llegué a vomitar algo? – le pregunté a una amiga que tenía al lado. Ella se rió.

Sí, te vomitaste la vida.

Bueno, por lo menos el vómito debía estar perfumado – pensé en voz alta.

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El Autor

inSensato
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Miembro de la Comunidad del Anillo. En el puente de Khazad-Dum, Gandalf dio instrucciones precisas a quienes se encontraban allí: "Huid, insensatos." Al igual que mis hermanos, salí corriendo, y desde entonces me dedico a huir: de Moria (de las minas enanas y de Casán), de la Tierra Media, de las responsabilidades. La escritura es una buena forma de huir, y de respetar el último deseo del gran mago Gandalf.