Cuentos — 17 diciembre 2013


Era una pelotita con pies y manos. Iba caminando tranquilamente a los saltos, dirigiéndome a una de las Torre Gemelas, cuando otras dos pelotitas ligeramente más pequeñas y opacas me detuvieron.

-Señor, usted no puede pasar a la Torre del Inconsciente – me dijo uno.

En ese momento, una luz naranja-amarillenta comenzó a alumbrarme desde el interior. Sin duda por la furia que estaba sintiendo.

-Qué no sabés quién soy yo!? – empecé a decir a los saltos. Los otros se miraron intrigados. – Soy el dueño de las Torres!! – les grité mientras le mostraba mis credenciales.

Las pelotitas miraron con los ojos bien abiertos, creo que más aterrados por la escena que estaba armando que por darse cuenta de quien era.

-Perdón, señor. Puede usted pasar – dijo avergonzado uno de ellos. Aunque no sabría decir si era vergüenza propia o ajena.

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El Autor

inSensato
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Miembro de la Comunidad del Anillo. En el puente de Khazad-Dum, Gandalf dio instrucciones precisas a quienes se encontraban allí: "Huid, insensatos." Al igual que mis hermanos, salí corriendo, y desde entonces me dedico a huir: de Moria (de las minas enanas y de Casán), de la Tierra Media, de las responsabilidades. La escritura es una buena forma de huir, y de respetar el último deseo del gran mago Gandalf.