Cuentos — 31 agosto 2013

Habíamos subido a un ómnibus. Ella fue hasta el fondo, y nos sentamos al lado de 2 chicas. Creo que nos llegaron a preguntar algo, pero la verdad, no les di mucha bola.

Ella y yo nos pusimos a hablar de boberías, mientras nos abrazábamos o nos hacíamos mimos. Obvio que sabía que no era mi novia, pero también me gustó saber que no eramos simplemente amigos.

Cuando bajamos fuimos a una casa de verano donde se suponía que nos íbamos a encontrar con otros amigos. Mientras íbamos abrazados, yo le hice un chiste y ella me dijo “Te odio!”. Yo rápidamente le respondí “Y yo te amo…” y me reí. Ella me quedó mirando un segundo, y me dijo:

-Sabés que es lo más triste? Qué lo más seguro es que sea verdad. – Bueno, sí, obvio… lo era.

-Sí, pero tá, así como te amo, amo a pila de gente, a pila de amigos! – le expliqué. Creo que no fue la explicación más convincente que pude haber hecho. Por la cara que puso, yo diría que no me creyó del todo…

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El Autor

inSensato
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Miembro de la Comunidad del Anillo. En el puente de Khazad-Dum, Gandalf dio instrucciones precisas a quienes se encontraban allí: "Huid, insensatos." Al igual que mis hermanos, salí corriendo, y desde entonces me dedico a huir: de Moria (de las minas enanas y de Casán), de la Tierra Media, de las responsabilidades. La escritura es una buena forma de huir, y de respetar el último deseo del gran mago Gandalf.