Cuentos — 05 septiembre 2013


El partido se había puesto difícil. No es que fuéramos perdiendo ni nada, pero era un partido veloz.

Tuvimos un corner a favor que traté de sacar rápido, pero no me pude acomodar bien y terminé mandando la pelota al carajo. Por suerte la pelota volvió en seguida, y tuve que sacar otro corner. Viendo que había un amigo solo frente al arco, traté de pasarle la bola pero, de nuevo, me costaba acomodarme. Me arqueé un poco y se la pasé más o menos bien, pero con todo lo que demoré, ya lo estaban marcando y cuando tiró, la pelota rebotó y fue… corner de nuevo. El demente que había corrido la cancha para marcar a mi compañero ahora me estaba marcando a mi y no me dejaba sacar. Traté de tirar el centro igual, pero el balón rebotó y se terminó yendo a la mismísima mierda. Onda, por la mitad de la cancha, por ahí. El tipo fue hasta allá y quiso sacar, pero todos lo puteamos porque la pelota le había rebotado. Sacábamos nosotros, papá! El tipo fue a quejarse con alguien que estaba al costado de la cancha y le dijo entre gritos y lágrimas, totalmente desesperado, que tenía que sacar él. Viendo esa escena pensé “pará campeón… es sólo un corner”.

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El Autor

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Miembro de la Comunidad del Anillo. En el puente de Khazad-Dum, Gandalf dio instrucciones precisas a quienes se encontraban allí: "Huid, insensatos." Al igual que mis hermanos, salí corriendo, y desde entonces me dedico a huir: de Moria (de las minas enanas y de Casán), de la Tierra Media, de las responsabilidades. La escritura es una buena forma de huir, y de respetar el último deseo del gran mago Gandalf.