Cuentos — 04 octubre 2013


Era un día soleado en Montevideo. Estaba cerca de la rambla de Pocitos junto con unos amigos, cuando la marea empezó a subir. Una inundación cubrió unas 5 cuadras más allá de la rambla, pero habían pocas olas, y el agua apenas llegaba a la altura del pecho. Nadamos hasta una casa cercana donde el mar no nos tapara. Todos estaban sorprendidos, pero yo un poco menos.

-Ja, que loco… hace unos días había soñado que iba a haber una inundación, pero no pensé que iba a ser un sueño premonitorio.

-Y que otra cosa podría significar? – Me preguntó una amiga.

-Fácil, – le respondí – el mar es el inconsciente, y que el mar ocupe el lugar de la tierra, indica que el inconsciente está tomando acciones que debería tomar la parte consciente de mi cerebro.

Le sonreí, y ella me miró un poco perpleja. Luego levanté la mirada al agua, y pensé en voz alta.

-Pero parece que también es que se venía una inundación…

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El Autor

inSensato
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Miembro de la Comunidad del Anillo. En el puente de Khazad-Dum, Gandalf dio instrucciones precisas a quienes se encontraban allí: "Huid, insensatos." Al igual que mis hermanos, salí corriendo, y desde entonces me dedico a huir: de Moria (de las minas enanas y de Casán), de la Tierra Media, de las responsabilidades. La escritura es una buena forma de huir, y de respetar el último deseo del gran mago Gandalf.