Cuentos — 22 agosto 2013

Estaba caminando por la playa de Colonia. Me había bajado del Buquebus, y el barco todavía estaba anclado ahí cerca. El agua estaba tranquila, pero de repente se empezaron a formar olas un poco… zarpadas. Entonces me encontré con una amiga. Como vimos que la marea se estaba poniendo brava, y suponiendo que se venía la propia inundación, junto con un grupo de gente empezamos a subir hasta lo más alto de una colina. En el camino, recordábamos algunos chistes y jugarretas que habíamos hecho, y ahí se me ocurrió algo genial.

-Ya sé! – dije – Mientras esperamos que baje el agua, cuento unos chistes! De última, si son muy malos, la gente se suicida y ta, tenemos más espacio!

Mi amiga se rió, pero se notó claramente no-entusiasmada por la idea. Incluso uno de los que estaba ahí cerca, me hizo un comentario.

-Decí un chiste malo y te clavo una estaca y te tiro a la mierda.

Ufa, que amargos.

Articulos Relacionados

Una noche especial

Una noche especial

marzo 19, 2016
El reencuentro

El reencuentro

marzo 10, 2016
Teléfono descompuesto

Teléfono descompuesto

junio 27, 2014
Restaurante en el norte
Sequía de coca cola

Sequía de coca cola

abril 07, 2014
Trabajo atrasado

Trabajo atrasado

marzo 01, 2014
Clases de ética

Clases de ética

diciembre 17, 2013
No puedes pasar

No puedes pasar

diciembre 17, 2013
Cachorros

Cachorros

octubre 25, 2013
Bicicletas

Bicicletas

octubre 24, 2013

COMPARTIR ARTICULO

El Autor

inSensato
inSensato

Miembro de la Comunidad del Anillo. En el puente de Khazad-Dum, Gandalf dio instrucciones precisas a quienes se encontraban allí: "Huid, insensatos." Al igual que mis hermanos, salí corriendo, y desde entonces me dedico a huir: de Moria (de las minas enanas y de Casán), de la Tierra Media, de las responsabilidades. La escritura es una buena forma de huir, y de respetar el último deseo del gran mago Gandalf.