Cuentos — 08 agosto 2013

Yo estaba acostado boca arriba, tranquilo mientras todos hablaban. Ella se acercó, acostó su cabeza en mi pecho y me miró, pronta para pedirme algo.

-Mirá que necesito alguien que me enseñe a manejar – me dijo.

Yo me quedé pensando un poco la respuesta, pero ya sabía la verdad, y no iba a decir otra cosa. Le sonreí y en broma le admití.

-Y… lo único que puedo enseñarte a conducir son autitos de juguete.

Me quedó mirando un poco seria, dejando entrever algo de decepción. Le devolví una sonrisa culpable.

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El Autor

inSensato
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Miembro de la Comunidad del Anillo. En el puente de Khazad-Dum, Gandalf dio instrucciones precisas a quienes se encontraban allí: "Huid, insensatos." Al igual que mis hermanos, salí corriendo, y desde entonces me dedico a huir: de Moria (de las minas enanas y de Casán), de la Tierra Media, de las responsabilidades. La escritura es una buena forma de huir, y de respetar el último deseo del gran mago Gandalf.