Anécdotas — 03 junio 2016

Hay un bar que me encanta, no sólo por su gente sino por la riquísima comida que hace y sobretodo las ricas tartas dulces.
Sobretodo la tarta de manzana… oh dios que delicia la tarta de manzana.
El bar en cuestión se llama “El sabor de lo nuestro”, y está en Avenida Italia y Comercio, visitalos para ver lo rico y barato que son haciendo click acá (COF COF SALE ALGO GRATIS POR LA PROMO COF COF)

Desafortunadamente no siempre la hacen, ya que el postre suele variar bastante, pero considerando que soy librano y con un carácter emprendedor y persistente (lease rompe huevos) le insistí mucho mucho a la dueña para que me hiciera la famosa tarta.

Dos semanas y media sin parar pidiéndole que haga la tarta.. cómo dije, emprendedor e insistente.
Hasta que un hermoso día salió el sol, recibo un whatsapp anunciándome la gloria.

“Damián, ¡hicimos tarta de manzana!”.

 

Mi felicidad era equivalente a la de Astori ante un ajuste fiscal.
“¡Buenísimo, guardame dos porciones!”.

Al ser tan escasas tenía que ser previsor, y comprar al menos otra porción para el otro día.
Llegó al bar, me atienden divinamente como siempre, y degusto un exquisito plato de tallarines con tuco.
Término el almuerzo y me prestaba a disfrutar del delicioso manjar romano, pero el desastre golpeó la puerta; Me llega un correo laboral el cual, por motivos no pertinentes al relato requería que acortara mi almuerzo para ocuparme del asunto.

 

“Lu, me tengo que ir ya, ¿no me envolves las tartas?”

 

Guardo también la botella de Coca Cola de 600 a medio terminar y parto, un poco fastidiado pero contento sabiendo que iba a tener algo dulce y rico para la noche.
¿Y el desastre Damián, donde esta la parte que te mea el dinosaurio y te afecta la onda Mala Espina? ya te esta quedando largo el relato.

Espera un poco ansioso que ya viene.

El día prosiguió normal, bastante bien diría, y finalice la jornada de manera excelente.
A la noche ya en mi querido santuario Gamer, luego de mirar unos videos y disfrutar mi colección, digo:

 

“Uy, como está para algo dulce… ¡la tarta!.”

 

Pero… ¿dónde cornos la dejé?.
Busco en el bolso, nada, living, nada, ¿heladera? nada.

 

Sep, me las olvide en el laburo.

 

“Uh Damián, ¿eso era todo? re crota la anécdota 3/10 no recomiendo”
No ansioso, esperá un poco, esto es un DemianCosas, sabes como funciona, si no es bizarro no soy yo.

Bueh pensé para mi, no pasa nada, un día más de espera, las deje debajo de mi escritorio y hace frio y están en film, no se van a echar a perder.
A la mañana siguiente con todo el power salgo al trabajo.

Llegó, me acomodo, me hago un café, y pienso: “como estaría para desayunar una de las tartitas”.
Dicho esto me inclino para buscar la bolsa.

 

Nada.

 

Epa, jeje, seguro la puse en otro lado y no me acuerdo.
Reviso el cajón.

 

Nada.

 

Jeje estos compañeros locos que tengo, seguro me las escondieron, ¿chicos me escondieron lo que deje acá?.

 

“No tocamos nada Damián”

 

Ahí fue cuando me empecé a poner nervioso y un poco irritable, además de ya saber que se venía con toda la fuerza la mala espina.
¡Un momento!, hay cámaras, que graban las 24 horas, ahí voy a poder ver donde las deje o si mis compañeros me estaban haciendo una broma.
Arranque a mirar desde que me fui a las 19 en adelante.

Todo transcurría normalmente en la filmación hasta que, a las 2 de la mañana, una muchacha auxiliar de limpieza pasando la aspiradora por mi escritorio encuentra el paquete.
Extrañada lo levanta, lo semi abre y observa su contenido, para finalmente dejarlo quieto encima de mi escritorio.

 

“Pero, si lo dejo acá arriba, debería estar estará la vista..”

 

Continúe intrigado con la filmación, y a las 2:40 de la mañana, esta muchacha decide utilizar una de las oficinas, muy cercana a mi y a mi tesoro manzanil para cenar.
Luego de unos instantes, aparece un muchacho, compañero de tareas de ella, el cual se sienta y la acompaña.

Y a partir de ahora señores quiero que sepan, que asistirán como yo asistí a una versión moderna de Adan y Eva, que, ¿no entienden? es lógico, no termine el relato ansioso, seguí leyendo que ya va va a cerrar todo.
Conversan, y un rato después el muchacho se para y se dirige a mi escritorio y comienza a abrir mi bolsa.

Era Eva, Eva le comió la cabeza para que pecara y mordiera la manzana tarta de.
Yo estaba como viendo Uruguay vs Sudáfrica en el 2010 y le gritaba “Nooooo o, Nooooooo” a la pantalla, ante la mirada preocupada (más que de costumbre) de mis compañeros.

Finalmente, el boludo de Adan agarra las manzanas, la Coca, y vuelve con Eva, a pecar, en mis narices.
Y ahí estaba yo, con el ojo que todo lo ve presenciando la traición máxima.

¿Qué debía hacer, expulsarlos de ese paraiso, el paraíso de trabajar de noche sin supervision y tomándose horas de descanso que promediaban 3 horas en vez de 40 minutos?. El paraíso del proletariado llamémosle.

Como suelo tener conciencia y cierta compasión injustificada desde chico, decidí preguntarle a mis compañeros que hacer, si bien el hecho del robo era repudiable, podía dejarlo pasar.
Al hacer esa consulta averigüe que el prontuario de Adan no se limitaba limitaba a manzanas, incluía bizcochos desaparecidos, una cerradura forzada en la oficina que usaban de comedor, y otros elementos “extraviados”.

Con semejante prontuario, debo decirte Adan, que la semana que viene deberás buscar un paraíso nuevo, confirmado por San Pedro y los 7 ángeles del apocalipsis.

PD: Aclaro, antes que me vengan a decir “pobre hombre, capaz tenía hambre, sos un insensible, ahora dos familias quedaron sin sustento”.

Primero, las penurias y necesidades no justifican las malas acciones, yo de chico pasé necesidades y algunas veces hambre, y una de esas veces, que se me dió por meter de vivo el dedo en una torta de un comercio, mi vieja me dio vuelta la cara de un cachetazo y me castigaron por semanas, porque el hambre y la necesidad, jamás puede justificar atentar contra lo ajeno.
Segundo, si sos tan idiota de jugarte el sustento de tu familia, por dos tartas de manzana y una Coca Cola, no sólo no merecés estar ahí, sino que ni siquiera merecés a tu familia.

Y de paso, el 90% de esto lo escribí desde el celular arriba de un 405, soy un héroe.

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El Autor

Damian de Arce
Damian de Arce

Soñador, poeta, escritor, tecnólogo, loco, antiguo, romántico, muchas cosas se dicen de mí, prefiero catalogarme como un observador de la humanidad.